domingo, 5 de julio de 2009

EL CARAMELO DE LA SEÑORITA BATISTA



¿No han tenido nunca el recuerdo de una situación a la que le gustaría volver y arreglar algo, no se, decir una fase que cambie el final de lo que pasó?, yo tengo varias. Hay una en especial que vuelve cada tanto. Cuando era niña, vivía en el campo y empecé a ir al colegio mas tarde, los primeros años lo hice con una maestra que llegaba los lunes y los viernes regresaba a su casa. A los nueve o diez años dejamos el campo y empecé en una escuela de verdad. Era una escuelita Rural. Ahí por primera vez, tuve compañeros, usaba guardapolvo blanco y lo que más me molestaba zapatos!!!, estaba acostumbrada a las zapatillas en invierno y pies al viento en verano. Uno de mis compañeros era más grande que la mayoría de nosotros, andaba solo y callado, tenía manos enormes, sucias, agrietadas y se comía las uñas hasta hacerlas desaparecer, su banco estaba dos filas a la izquierda del mío, no tenía a nadie sentado al lado de él y cada vez que yo levantaba la vista, no se porqué, me quedaba mirándolo. Sus ademanes eran torpes, todo lo que hacía lo hacía con rudeza, tomaba el lápiz casi sin punta, como si fuera un garrote, recuerdo que borraba con unas pelotitas de miga de pan y terminaba haciendo un agujero en la hoja. La maestra se llamaba “Señorita Batista”en ese entonces la sentía una ídola total. En la escuela tenían especial aversión por Patricio, que ese era el nombre de mi compañero, recuerdo muchas veces a la directora retandolo porque estaba sucio, al pobre lo retaba los gritos y delante de todos. El sólo bajaba la vista avergonzado, mi comportamiento era de observación, no me parecía tan sucio, ni tan malo, ni tan feo como decían mis compañeros, yo no participaba en los comentarios pero permanecía callada. Un día, al volver de un recreo, la Señorita Batista nos hizo sentar a todos y parada al frente nos tiró esta frase, “antes del recreo había sobre mi escritorio un caramelo y ahora no está, ¿quién se lo llevó”? Nos miramos asombrados. “Hasta que no aparezca el culpable no nos vamos a ir”,-dijo ella y nosotros entramos en pánico, ya nos veíamos durmiendo durante los próximos meses en la escuela. La clase siguió y cuando se hizo hora de la salida nos dio como tarea pensar para que al día siguiente, al comienzo de clase, dijéramos quien era el culpable. Al otro día antes de comenzar, la Señorita Batista parada otra vez en el frente nos dijo: “Ya se quien fue el que se robo el caramelo, fue Patricio”. Miré a Patricio, su cara se puso roja, los ojos se le llenaron de lágrimas pero no lloró, sólo apretó los dientes lo que hizo que su rostro tibiera una rigidez que no me olvido y dijo “yo no fui señorita”, repitió eso tres veces más; “yo no fui señorita”. Yo creí en Patricio, creí en él. No se porqué, pero tuve la seguridad de que no había sido. Pero no lo dije. Nunca le dije que sabía que no era el ladrón del caramelo de la Señorita Batista, la que se llamaba igual que el dictador cubano. A los pocos meses mi mamá hizo las valijas y partimos hacia otros sitios y me llevé conmigo la cara de Patricio diciendo “yo no fui señorita”, esa maestra ya no era mi ídola de bondad y ternura, si no un ser al que detesté y detesto todavía, a medida que pasaron los años fui reviendo ese hecho desde distintos lugares, según donde iba estando parada en la vida y siempre terminé sintiendo lo mismo, impotencia, bronca y vergüenza, la misma que debe haber sentido Patricio ese día. Me gustaría alguna vez encontrarme con Patricio y decirle que yo se que el no roboó el caramelo, es más, dudo que existiera un caramelo en el escritorio de la Señorita Batista, poder volver atrás y empujarme a mí misma a decir frente a todos. “Él no fue, yo se que él no fue”.

6 comentarios:

Mariluz dijo...

Es terrible conservar en la memoria esas pequeñas "maldades" de nuestros primeros años... nos hacen tan vulnerables al cabo de los años ¿verdad?
hermosa vivencia, gracias por compartirla
beso desde mi verano andaluz

Sara Ham dijo...

Mariluz, si es verdad, cuando pienso en esto me imagino como habrá quedado marcado en él, solo frente a todos. Quién sabe...Otro beso, solo que desde mi invierno porteño.

anna dijo...

Es tan dificil en la vida cuando alguien te "etiqueta" da por sentado muchas cosas.. y sin querer te marcan de por vida. Aquella ocasion al igual que te marco a ti esa injusticia debi de marcarlo a él.

Los corazones nobles nunca sabes donde puedes encontrarlos, no hay una apariencia en ello.

Magnifico relato, aunque lleno de dolor y no me extraña. Pero eras niña y si creo que todos tenemos alguna experiencia que nos gustaria volver atras para poder cambiar.

Un abrazo enormeeeeeeeeeee Sara.

lolami dijo...

Espero que al pobre Patricio no le dejara huella este pequeño suceso, que aunque pequeño puede hacer mucho daño, tu reacción en esos momentos es la de una niña, si el caramelo desapareció de verdad, el que lo cogió se sentirá peor, por dejar que culparan a otros, umm me he puesto muy seria..perdona no quería ser tan transcedental, pero bueno es lo que opino.

Un abrazo.

Lords dijo...

Todos nos hemos dejado llevar por el temor de la reacción y muchas veces nos guardamos las verdades y verdaderos entimientos de los cuales luego nos arrepentimos...Patricio recibio un castigo que no olvidara y tu recibistes una lección de vida...nunca dejar de expresar por mas temor que tengas...se que nunca mas lo hiciste...

besos

Azu dijo...

Que bonito relato. Me ha hecho pensar que a menudo tenemos esos mismos recuerdos de la niñez o adolescencia o incluso recientes.
Cuantas veces hemos callado cosas que deberíamos haber dicho. Cuando uno está seguro de algo, o ve que alguien necesita de nuestra ayuda, deberíamos actúar sin pensar.
Yo tambien quisiera ir al pasado a arreglar tantas cosas que hice...que no hice...que dije..o no dije.
Gracias por dejarme visitar "tu casa"


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