martes, 21 de abril de 2009

ENTRE OLLAS Y CACEROLAS



Anoche soñé con mi abuela. Fue un hermoso sueño.
La soñé rodeada de sus ollas y cacerolas. Estábamos en el campo, yo era apenas una niña que la observaba cocinar en esa vieja cocina a leña.
Durante algunos años, por correr en búsqueda “ del Camino al Exito”, abandone mis ollas y cacerolas. Una vez por semana venía alguien a cocinar y luego metía todo en el freezer, cada día elegía un menú y de esa manera solucionaba el problema y yo tenía tiempo para cosas más urgentes.
Una tarde golpearon a mi puerta y al abrir se coló una realidad que me dio vuelta en la vida, mi estructura se sacudió desde los cimientos y mis estanterías cayeron una a una al piso, “esto no me está pasando, no era así como me contaron la vida, nadie me preparó para esto”, me dije a mi misma, durante las interminables noches en las que desenhebré los hechos y trataba de enderezarme sin poder hacerlo, aprendí cuanto duele el dolor, porque no sabía hasta entonces que el dolor duele.
Me llevó tiempo entender y aceptar, darme cuenta que tenía que reconstruir para sanar a mis cachorros.
Al principio pensé que tenía que redoblar esfuerzos, entonces trabajé más, fue peor, cuando limité mi trabajo, bajaron mis ingresos, no pude tener más la señora que cocinaba los sábados. Volví a mis cacerolas y poco a poco, mientras cocinaba por las noches, mis cachorritos se fueron acercando en torno a la olla para probar la comida, mojar el pan en la salsa o simplemente explicarme que faltaba orégano, sal o pimienta y como por arte de magia pude volver a reunirlos en la cocina, contarnos nuestras cosas para mirarnos, reconocernos y acompañarnos. Volvimos a ser cuatro.
Aprendí por esos días que las ollas y cacerolas contienen, envuelven y sanan. Debe ser por eso que, en los cuentos es en los viejos calderos de hierro donde las brujas preparaban sus pócimas y también las sanadoras de los pueblos hierven sus embrujos para el “mal de amor”. Con mis primos esperábamos pacientemente en la cocina de mi tía Jean que los sconnes se terminen de hornear y luego corriamos a untarlos con manteca antes de que se enfriaran. Anoche sentí otra vez el olor de los guisos y los dulces que preparaba mi abuela en el campo.
Hace un tiempo, en mi propia cocina vi a mis hijos reconstruirse.
Hoy no abandono mis cacerolas, vuelvo a casa a la noche a encontrarme con ellas porque se que son mis compañeras en el reencuentro, desde el amor, con ellos.

9 comentarios:

elrojoenmiscuadros dijo...

holaa:)
me gusta mucho el texto ya pasre mas veces)
un besoo

elrojoenmiscuadros dijo...

me gusta mucho los textos,
ya pasaré más veces un besoo!

anna dijo...

A veces queremos abarcar muchas cosas y luego las mas "simples" las dejamos de lado. Me alegro que no dejaras a estas, que te dieras cuenta del poder que tienen sobre de si, y pudieras gozar de ellas.

Un fuerte abrazo amiga mia.

Mai dijo...

Sara qué conmovedor! Un sin fin de recuerdos se me vienen a la memoria. El postre de crema que me hacía mi abuela materna, que nunca más volví a comer después de que ella murió. Sus cositas dulces para cada cumpleaños mío y de mi hermana festejados en casa, rodeados de guirnaldas y globos. Los aplausos de mi hijo al probar una rica comidita recién preaparada por mí con todo el amor del mundo, puesto en casa pizca de sal. El sueño que tuve de mis abuelos hace años, que me permitió sanar el dolor de que ya no estén... y en él bailaban el tango, como solían hacerlo; ella de vestido blanco largo y mucho vuelo, y él de traje negro, elegante como siempre.
Volver a la cocina, al fuego, a la sal, a la pimienta, es conectar con la naturaleza, con lo que somos, con lo que vale.
Gracias por compartirlo. Me enriquece!
Beso grande Mujer del Bosque!

Ximena Ianantuoni dijo...

ay, ay, ay Sara qué belleza este relato, cargado de amor y sensaciones, besote, me gusta mucho cuando escribís estas cosas...

Sara Ham dijo...

Gracias por los comentarios, un día tendríamos que hacer una maratón de escritos sobre temas de nuestras infancias, porque son esas cosas las que nos permiten cuando crecemos afrontar lo que viene, lo malo y lo bueno. Escribir para trasmitir y recontar las que nos contaron nuestros padres y abuelos, historias escuchadas donde la imaginación volaba.

Fade dijo...

Hola Sara Ham, en primer lugar gracias por tus palabras en mi blog...
Los recuerdos siempre vienen al corazón y cuando menos lo esperas, yo a veces también suelo soñar con mis abuelos que ya no están...
Muy bonito tu escrito. Voy a seguir leyéndote.
Un abrazo.
Fade.

Mai dijo...

Estoy de acuerdo! Ultimamente se vienen a mi mente muchas imágenes de mi infancia, muchas historias para contar, y todo eso me permite conectarme conmigo, con mis posibilidades ante el mundo.
Beso grande!

Kinder dijo...

gracias por tu comentario y preciosa entrada, además el 21 de abril, cumpleaños de mi abuela jeje un abrazo


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