
El miércoles fue el último día de encuentro con mi grupo de Terapia.
Nos encontramos por última vez después de tantos años de haber transitado juntos por un camino que a veces se hacía muy largo, las piedras eran muy pesadas para transportarlas. Gracias a su compañía y sostén pude llegar a mi fantasma y pelearlo cuerpo a cuerpo, no lo vencí, es imposible vencer nuestros fantasmas, pero ahora puedo enfrentarlo en las noches y decirle “andate” y el se va. En ese espacio me permití llorar, bajar los codos, colgar los guantes y entregarme para poder reciclarme en la vida y comenzar de otra manera desde otro lugar.
Pude aprender a mirar al otro sin juzgarlo, saber que todos tenemos mochilas pesadas, a veces me tocó sostener la de mi compañero para aliviarlo, otras permití que sostuvieran la mía. Cuantos dolores acarreamos. Cuantas frustraciones nos encuentran desprevenidos. También aprendí a valorar lo que tengo, mi lucha por buscar siempre mi felicidad. Hubo días que no podía levantarme, tenía tanto dolor que el cuerpo no me respondía, me sanaron, me abrazaron me enseñaron a reír a pesar de todo.
Tuvimos el mejor capitán en ese barco.
Nuestro Terapeuta Dr. Carlos Vinacour que puso su sabiduría, paciencia y sobre todo su corazón abierto, estoy agradecida a la vida el habernos cruzado hace tanto tiempo, cuando llegue por primera vez a esta ciudad que amenazaba con fagocitarme y escupir mis huesos.
Los voy a extrañar, a los que estuvimos la última sesión y los que no estuvieron todos tienen un lugar especial en mi corazón.
Luis, Carlos, Fernando, Ximena, Laura, Ernesto, Lucio, Alejandro, Inés, Luz, Sandra, César, Daniel, que ya no estás pero estás, todos saben que siempre voy a andar por acá porque yo se que ustedes siempre van a estar por ahí.